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| WOLGEMUT, Michael; Danza de la muerte, 1493, grabado. |
Ahora que estamos en Semana Santa querría que fuésemos hasta
Verges, una localidad catalana que en la
noche del Jueves Santo sigue representando por sus calles La Danza de la
Muerte, una danza macabra de origen
medieval, en la que cinco esqueletos bailan al son de un tambor. En sus manos
la guadaña, la ceniza y el reloj sin manecillas representan el triunfo de la
Muerte sobre todos los hombres y sus diferencias. En el renacer de la primavera aún se subraya
más la muerte y la vanidad de las cosas
del mundo.
Las Danzas Macabras o Danzas de la Muerte constituyeron un
género característico de la Baja Edad Media y de principios del Renacimiento,
que se desarrolló en las artes plásticas, la danza, el teatro y la literatura,
quedando arraigada en la cultura popular y el folklore. Gestadas en un periodo de tiempo relativamente
breve, se extendieron por toda Europa en una intrincada red de influencias
entre artistas, escritores y creadores.
Gran parte de lo que nos ha
llegado de ellas se muestra como imágenes o textos en las que la Muerte es el
personaje central, generalmente simbolizada como un esqueleto o un cadáver en
descomposición. Esta dialoga con una serie de personajes que representan
diferentes clases sociales, hasta que, bailando, los arrastra consigo.
Las representaciones plásticas de la iconografía se realizaron en los
soportes característicos de la época: pergamino, papel o tela, en libros o
manuscritos, en planchas xilográficas. También las encontramos talladas en
relieves y bajorrelieves de cementerios, iglesias o catedrales.
En la literatura, las representaciones pasan por los
epigramas, el comento en prosa, la leyenda o las composiciones
poéticas como los Ars Moriendi, dos textos escritos en latín con
protocolos y procedimientos para el buen morir, según los preceptos cristianos
de finales de la Edad Media. Fueron
escritos alrededor de 1415 y 1450, durante la epidemia de peste negra que asoló
Europa.
En España se conoce un texto anónimo de la Danza de la
Muerte, que se cree se representó y bailó en el siglo XIV. Su manuscrito se
conserva en la Biblioteca del Escorial y consta de más de seiscientos versos,
en los que se describe cómo la muerte visita distintos personajes, como el
Papa, el Obispo, el Emperador, el Labrador, etc.
que en el mundo soes de qualquier estado;
el que non quisiere a fuerça de amidos
facerle e venir muy toste parado.
Pues ya el freire vos ha pedricado
que todos vayais fazer penitencia,
el que non quisiere poner diligencia
por mi non puede ser más esperado
el que non quisiere a fuerça de amidos
facerle e venir muy toste parado.
Pues ya el freire vos ha pedricado
que todos vayais fazer penitencia,
el que non quisiere poner diligencia
por mi non puede ser más esperado
Localizar el origen de las danzas de
la muerte o danzas
macabras es todavía un problema para los historiadores medievalistas. La
determinación del origen de la temática discurre entre las teorías que apoyan
el origen latino-francés y el origen germano. Se une a estas referencias la
leyenda oriental que circulaba en el Medievo del Encuentro de los Tres Vivos
y los Tres Muertos como otro antecedente
y para algunos historiadores la causa de la rápida difusión de la
temática macabra.
Así, por ejemplo, la imagen del cadáver o el esqueleto
aparece en las danzas primitivas nórdicas, en las que la muerte al principio se
representa danzando en grupo y luego danzará con un solo individuo, expresando así el carácter personal e individual
del enfrentamiento con la muerte. Esta tradición medieval tardía de representar
la muerte como esqueleto se mantendrá en
el arte del norte de Europa durante mucho tiempo y la podemos encontrar en
autores com Barthel Beham, Burgkmair, Hanas Baldung Grien y Albrecht Durero.
En sus orígenes la
iconografía del esqueleto se incorporó a los Libros de Horas como un elemento
más de la representación de la leyenda El Encuentro de los Tres Vivos y los Tres Muertos, algunos de estos manuscritos datados en el
siglo XIII. La
leyenda, de origen oriental fue muy
difundida durante la Baja Edad Media a través de los poemas franceses del siglo
XIII de Baudoin de Condé y Nicolas de Margival. Relata el encuentro de tres jóvenes con tres cadáveres en
diferentes estados de descomposición, durante una cacería. De la
historia se conservan hasta 60 versiones.
Por otro lado, también se ha considerado que las danzas
nocturnas de los cementerios durante el Medievo son la fuente germinal de la
iconografía de las danzas que aparecerá junto a los textos. Estas
representaciones que se ejecutaban también con música, pasaron a realizarse de
forma que la Muerte personificada llamaba a los vivos vestidos de manera que
representaban las diferentes clases sociales, como sucede en Francia, Alemania
y España
Respecto del origen de las Danzas Macabras españolas,
tampoco existe una visión unánime. En
España son escasas las representaciones plásticas en contraste con los textos literarios que se conservan. Destaca la fuerte tradición de lo macabro en la zona catalano-aragonesa en el siglo XV,
que puede referenciarse tanto literaria, plástica y musicalmente; además de
tres diferentes versiones literarias de la Danza de la Muerte.
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| Danza de la Muerte. Alemania, alrededor de 1486 |
Las Danzas Macabras formaron parte de toda una iconografía recurrente
hasta ya prácticamente nuestros días.
Otra imagen de la iconografía macabra será la visión del poder de la
muerte o el triunfo de la muerte, representada cabalgando sobre un caballo, o
matando, en conexión con el
Apocalipsis. Esta representación también se mantendrá en el siglo XV en la obra
de Durero.
La
influencia del poeta Petrarca y su obra Trionfi, arraigada en la
ideología medieval pero con visos humanistas, describió la muerte como una figura sobre una carreta
tirada por bueyes negros. La influencia del poeta suavizó las representaciones
de la muerte a finales del Quattrocento, aunque los sermones de Savonarola
hicieron reaparecer la iconografía macabra.
Aún así, la evolución paralela al desarrollo del nuevo espíritu
Renacentista, transformará el fin didáctico y moralizador de la Danza en una sátira de la sociedad y
una mirada crítica del hombre mismo en el transcurrir del siglo XVI. Las Danzas Macabras se extenderán rápidamente
con la incorporación de la iconografía a los libros impresos y después con la
llegada de la imprenta. La obra representativa es la edición de grabados de Hans Holbein Imagines Mortis, en la que el autor realiza una lectura no carente de cierto humor: Una personificación
de la Muerte que se burla de sus víctimas, que las imita para engañarlas de la
manera más cruel, jugando con ellas.
De la popularidad de la obra son prueba las numerosas ediciones entre 1489 y 1525, tanto de las estampas como de la tipografía o alfabeto macabro.
La iconografía del triunfo de la muerte se transformará durante el siglo XVII en una reflexión
profunda y sosegada sobre el paso del
tiempo. La imagen de la calavera será fundamental en la representación de las vanitas,
un recuerdo de las iconografías medievales, que alude tanto a la muerte como al
paso del tiempo, género que se mantiene
hasta hoy día.
El mundo contemporáneo tiene ejemplos de aquellas Danzas Macabras.
Os dejo el final de El Séptimo Sello, una película de Ingmar Berman que nos devuelve a la oscuridad del Medievo, la peste y el triunfo de la Muerte sobre todos. Que llega
sin ser convidada a la mesa.
Pero también os dejo la visión de Monty Python en El sentido de la vida, otra mirada crítica a la iconografía macabra, en este caso con el toque de humor inglés. Aunque aún no tengo claro cuál de los dos es más ácido, el de los ingleses o el de Holbein.








